Que te regalen un gato negro

Ilustración: Brenda Fahey
Texto: Karina Ocampo.

bestiarioQue te regalen un gato negro. Que te lo regalen y que sea todo negro, justo como el que querías, o tal vez no querías porque te dio miedo la oscuridad de tenerlo, hasta que lo viste, indefenso y peludo. Que el gato te elija con su ronroneo, te marque y te diga en su idioma gatuno que va a dormir en tu cama todas las horas que se le dé la gana, porque tiene vocación sibarita y vino a disfrutar de la porción que le toca del mundo.

Darte cuenta de que debe ser él, que te mira con ojos insistentes como bolitas que cambian del amarillo al verde claro. Enamorarte y tomarlo entre tus brazos, sentir su calor frágil y palpitante sobre tu pecho. Saber que apenas pueda va a jugar con tus manos, con lana, con insectos, con las bolsas de basura que se convierten en pelotas y con las mariposas que asoman al balcón durante las tardes de verano.

Llevarlo a tu casa. Comprarle piedritas y alimento balanceado. Darle leche. Que la gente diga, “ay qué lindo gato”, y sepa que hablan de él, y se pasee majestuoso con la cola levantada y su leonina falta de modestia. Que se suba a tu silla cuando te vas a sentar, camine por el abismo de la biblioteca, y no tenga conflicto intelectual en pisar un libro de Poe o de Cortázar.

Que se burle de las supersticiones y desafíe el concepto de espacio, trepe por las paredes, rasguñe los sillones y deje huellas en tu ropa. Que maúlle el hambre y las ausencias, y tenga ataques de mimos y nostalgia, miedo a los truenos y a los desconocidos. Que le escape a los perros y al agua fría.

Verlo crecer y lamerse con paciencia minuciosa, asistir a sus cambios de pelaje que marcan el comienzo de cada temporada. Que te acompañe en las mudanzas y los festejos con su presencia muda de sombra chinesca. Dibujarlo y sacarle fotos mientras mira su reflejo en la ventana. Divertirte con sus momentos de delirio, cuando corre detrás de un gato imaginario que jamás alcanzará.

Acostumbrarte a su bienvenida curiosa al abrir la puerta. Que busque las caricias de tus amigos y se acomode a tus cambios de humor y de horarios. Que te acompañe en las noches de series sobre publicistas elegantes o asesinos seriales, con delivery, pantuflas y helado. Que entre y salga de tus pesadillas sin ningún rasguño. Que asuma el compromiso de quedarse a tu lado en las enfermedades y cuando tengas que llorar.

Si se acerca tu cumpleaños no pidas un reloj, porque ya no se regalan y porque medirá con precisión la hora de tu muerte. Que te regalen un gato negro con siete vidas repletas de misterio, dispuesto a ser el protagonista de tu cuento.

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5 comentarios

  1. me encanto!!! yo al mío le puse Batato 🙂

  2. Muchas gracias!! La mía se llama Abril!

  3. NAtalia Marilin · · Responder

    Hermoso o que escribiste!!! yo heredé una gata de mi abuela que se llama Willie y una gata salvaje que esta afuera ue a cada rato tienen gatitos y es imposible de casrar porque no se puede agarrar! Yo tambien me auto nombré la loca de los gatos!!
    jajajaj
    Saludos!!

  4. Me encantó tu texto. Tengo a mis dos gatos Uma y Chester, cada uno con su personalidad. Super distintos, pero muy compañeros entre ellos y conmigo. Pero por quien tienen devoción es por mi hija. Saludos!

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