Felicidades

Ilustración: Germán Amato
Texto: Micaela Ortelli

globos negros

No me gustan los cumpleaños. Porque cada vez que tengo uno mamá se pone mal: tiene que irse del negocio y pasarme a buscar por lo de la abuela. Dale, dale que estoy apurada, dice, y vamos en silencio hasta casa. Me baña y me viste: me pone una pollera de jean con bordado de una paloma blanca, una camisa manga corta verde agua con volado blanco, medias blancas y los Kickers marrones. Me hace una media cola muy tirante que me estira los ojos, los ojos grandes color verde caca que tengo, que me miran tan abiertos mientras mamá me peina frente al espejo y se me va la cabeza para atrás. No te ensucies, dice, y que no me revuelque cuando pinchen la piñata. Y que diga que no tengo ganas de jugar si hacen ese juego pelotudo de la harina. Me da el regalo, una caja envuelta en papel violeta con una etiqueta dorada que dice felicidades. Es muy liviana, como si le faltara lo de adentro, pero no le pregunto lo que es porque mamá hoy está peor que otros días de cumpleaños. Pobre mamá, siempre está trabajando.

Cuando llegamos a la casa de Mercedes la mamá está afuera con otras que también deben ser mamás. Las otras siempre están más contentas que la mía, pero ellas no deben trabajar tanto. La mamá de Mercedes se acerca al auto y le pregunta a la mía si quiere bajar a comer algo; mamá dice que no puede, que tiene que volver al negocio, y sonríe y dice gracias y que a las ocho me pasa a buscar. Mercedes está jugando al huevo podrido y le tiró el huevo podrido a un varón que debe ser un primo porque nos dan vergüenza los varones. Pero a Mercedes parece que hoy no. Me ve y viene corriendo, le digo feliz cumpleaños y le doy el regalo. Lo abre adelante de todos: ¿qué es?, pregunta. Es una cajita, de plástico azul transparente. Una cajita, digo. Mercedes la pone en la mesa de regalos y tira el papel violeta al piso. Todos me miran y yo abro los ojos muy grande. Pero viene una chica payaso y nos dice que vayamos a la mesa que hay comida, y a mí me pone un bonete porque soy la única que no tiene.

Cuando tengo cumpleaños después no ceno, porque ya es mucho, dice mamá. Ojalá me gustara la comida de los cumpleaños, pero es siempre horrible: los chicitos son de los baratos, los amarillo claro que si los tenés un rato en la boca sin masticarlos se desinflan y después no tienen sabor porque ya me lo tragué con la saliva. Cucker los mete en la coca y se los come; me lo hace a propósito porque yo abro los ojos muy grande. Los sánguches de miga tienen las puntas duras, las albóndigas son ricas y se terminan rápido. Lo peor es la torta porque tiene ese coso blanco arriba, y el bizcochuelo es húmedo y el dulce de leche duro no me gusta. Pero para la torta falta un montón; ahora hay que jugar. Pero yo a cada rato miro la mesa de regalos y veo la cajita y me dan ganas de llorar. Siento que se me están por caer las lágrimas así que le pido permiso a la mamá de Mercedes para ir al baño, pero cuando estoy sola no me sale nada. Me quedo un rato sentada en el inodoro y escucho que empieza el juego de la harina; por suerte no tuve que decir que no tenía ganas de jugar. Nadie me mira: salgo del baño, agarro la cajita, dejo el bonete en su lugar, y corro hasta la puerta. No hay mamás y nadie me ve salir.

Agarro para la derecha porque no sé para dónde agarrar. Y cuando llego a la esquina doblo a la derecha para no cruzar la calle. Pasan autos y motos y bicicletas; hay un grupo de chicos afuera de una casa. Me da tanta vergüenza pasar que me quedo parada en el medio de la vereda apretando la cajita. Escuchan una canción que dice: ya he vuelto a ser aquel que juré nunca volver a ser, siempre me pierdo otra vez, ya no puedo seguir así, ya no puedo seguir así. Veo que uno me ve mirando; ahora la canción dice: porque sus mejores sueños son mis peores pesadillas. Bajo la cabeza y paso corriendo, y corro hasta la esquina y vuelvo a doblar a la derecha para no cruzar la calle. Camino pensando en la canción, y en el chico que me vio, y en lo que voy a hacer cuando llegue a la esquina y con la cajita. Tengo ganas de llorar y correr, tirar la cajita, llorar y correr. Pero camino con los ojos verde caca abiertos muy grande, y cambio la cajita de mano porque me duele de tanto apretar.

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