Facu

Texto: Gabriela Cancellaro
Ilustraciónes: Gustavo De Tanti

‘Lo mismo da triunfar que hacer gloria la derrota’.
Ramón del Valle Inclán

facu11.
Facu llora. Como un bebé llora, y se enoja por eso, y llora más. Llora desde que llegó del colegio: se metió en la pieza y llora. Está triste y enojado, está frustrado. Facu no debería ni saber qué significa frustrado, pero es lo que le dice Ivana a mamá cada vez que mamá lo va a buscar, después de las sesiones, porque Facu va a la psicóloga desde que mamá y papá se separaron, es en lo único en lo que estuvieron de acuerdo, lo único por lo que no se pelearon. A Facu le da lo mismo ir o no ir a ver a Ivana: se sienta, juega con cosas, habla poco, Ivana lo mira y anota en un cuadernito, y después mamá lo va a buscar y hablan de él como si él no estuviera ahí o como si fuera sordo. Y de ahí saca palabras como frustración, que mamá le explicó que es cuando uno está enojado y no puede desenojarse fácil porque lo que habría que hacer para desenojarse no lo puede hacer. Igual, Facu no llora por Ivana, ni por mamá y papá, que al menos ahora no se pelean a los gritos como antes, cuando pensaban que él dormía pero en realidad los escuchaba. Llora por lo que pasó en el colegio, porque no sabe qué hacer, y quiere llorar todo antes de que llegue mamá y se dé cuenta de que estuvo llorando. A mamá no le sale hablar con Facu (que tendrá diez años pero no es tonto): se aburre enseguida, no le presta atención, o se pone nerviosa y le dice que lo anote en el cuaderno para hablarlo en terapia.

facu2Facu llora porque mañana no quiere volver al cole, ni pasado, ni nunca más, jamás de lo jamases. Y no sabe cómo hacer, no quiere que mamá sepa que ayer, a la salida del cole, el Ruso Cartigone lo apuró para pelear (porque sí, porque los pibes de quinto les pegan a los de cuarto, así son las cosas y no hay nada que hacer), ni quiere contarle que salió corriendo para que no lo maten a piñas, y mucho menos quiere hablar de lo de hoy, lo del pizarrón, a la vuelta del recreo, el GORDO PESUTI VOLUDO Y CAGÓN escrito en tiza amarilla. No le quiere contar a mamá que hasta que no llegó la maestra nadie lo borró, ni cómo se reían los compañeros y cómo se reía Luly – eso fue lo que más le dolió –, que lo miraba y hablaba en secreto con Maru. Y él tenía que hacer de cuenta que en el pizarrón no había nada, hacer de cuenta que nadie lo estaba mirando, se sentó en su banco y no dijo ni mu, se quedó mirando para abajo y aguantándose las lágrimas. Y se las aguantó todo el día, hasta la hora de irse, y todo el camino a casa, pero llegó y no aguantó más, y eso lo enoja un montón. Ahora piensa en todo eso y llora más, y desea fuerte que se le pase el llanto rápido. En la pared frente a la cama, el poster de Iron Man lo mira y a Facu le da vergüenza. Es un estúpido, ¿cómo le va a dar vergüenza llorar frente a un póster? Más que un estúpido, es un boludo. SOY UN BOLUDO. UN GORDO BOLUDO. Decir ‘boludo’ en voz alta lo calma, lo tranquiliza. Empieza a repetirlo, cada vez más alto: GORDO BOLUDO. GORDO BOLUDO. GORDO BOLUDO. GORDOBOLUDO. GORDOBOLUDO. GORDOBOLUDO. GORDOBOLUDOGORDOBOLUDOGORDOBOLUDO. Se para adelante del póster de Iron Man, le habla a Iron Man, y llega un momento en que lo que dice ya no importa, son sonidos, letras sin significado.

Para cuando llega mamá, Facu ya no llora. Cuando ella le pregunta cómo le fue en el colegio, le contesta que bien, y mamá ni se entera de nada.

2.
Así que al día siguiente Facu va al colegio sin protestar. Pasa las horas ensimismado. No mira a nadie y no habla con nadie. Diez minutos antes de la hora de salir, pide permiso para ir al baño. Cuando suena el timbre él todavía no volvió a su asiento y los chicos se preparan para salir. La mochila de Facu está en su silla, sus cosas sobre el pupitre. Y en el medio del patio está Iron Man, firme, cruzado de brazos. Inmóvil, salvo por el pecho que sube y baja, sube y baja, sube y baja. Los chicos de los otros grados salen y se arma una ronda alrededor de él y algunos se ríen pero él ni se inmuta entonces se dejan de reír y lo miran nomás. Salen los pibes de quinto y el Ruso Cartigone ve al Iron Man y lo reconoce a Facu debajo del traje. Facu, que ahora transpira y piensa que por ahí no era tan buena idea y tiene ganas de correr, pero no tiene hacia dónde, porque está rodeado, hay chicos y chicas por todas partes y ve a Luly que no se ríe, está con la mochila colgando y mira igual que los otros. El Ruso medio que primero no sabe qué hacer, entonces Iron Man estira el brazo y lo señala con el índice, tratando de quedarse derecho y quietito. Gordo boludo, piensa, mientras el otro se le acerca y se suena los dedos, y los amigos empiezan a alentar VAMOS RUSO, MATÁLO RUSO, CAGÁLO A PIÑAS AL GORDO CAGÓN ESE.

facu3La primer piña ni la siente, es como que se le duerme toda una parte de la cara. Pero no se cae, da dos pasos para atrás y se queda parado y se vuelve a cruzar de brazos. Para ese momento el patio es un griterío, incluso se escucha algún DALE GORDO, PEGÁLE. Parece la voz del Colorado López, pero no está seguro: el Ruso le acaba de pegar una trompada en plena oreja y ya no escucha nada salvo un pitido largo y ensordecedor y se va al piso. Se hace una bolita mientras piensa que no importa qué pase, no va a llorar y se prepara para las patadas que vienen, pero no llegan porque el profesor de Educación Física y una maestra se están llevando al Ruso de los brazos, derechito para dirección, mientras el otro patalea y grita que lo suelten, que él no hizo nada, que es culpa de Pesutti, pero al cuete, porque se lo llevan igual y qué problema va a tener el Ruso en su casa, seguro lo van a retar, piensa Facu mientras se levanta del piso, se sacude el traje de Iron Man, que tiene una rajadura y deja ver parte de la camiseta blanca que mamá lo obliga a ponerse para no tener frío, y camina – con el oído haciendo piiiiiiiiiiiiiiii – entre los chicos de cuarto, de tercero y de segundo, que se le acercan y le dan palmaditas en la espalda y en los brazos.

Cuando Facu sale del baño, el delantal puesto, la mejilla enrojecida y latiendo de dolor por la primer trompada, no queda nadie en el colegio. Camina por el pasillo vacío, entra a su aula, guarda las cosas en la mochila (la carpeta, la cartuchera, el disfraz arrugado, hecho un bollo), mira el pizarrón vacío y ahí, entonces, se le ilumina la cara.

3.
A la mañana siguiente, el Ruso entra último, pegándose con los amigos. Los compañeros que ya están en el aula se callan cuando lo ven. En el pizarrón, con letras bien bien grandes, se lee:

RUSO:
ES PESUTTI CON DOS T Y BOLUDO ES CON B LARGA, COMO BRUTO.
IRON MAN.

El Ruso se pone a borrar el pizarrón con fuerza y con bronca, de espaldas a la clase. En medio del silencio, escucha algunas risas y murmullos, siente que los ojos le arden, y se le cierra la garganta de ganas de llorar.

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2 comentarios

  1. Excelente

    1. gracias marcelo!

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