Qué sabe usted

Ilustración: Ignacio Spotti
Texto: Gabriela Cancellaro

GABRIELA PELEA2Porque usted, contador Fernández, usted me ve y piensa que yo soy Mariana Ruiz, su empleada, administrativa en esta empresa de prótesis del conurbano bonaerense, 32 años, soltera, que vive sola y tiene un gato y un perro. Usted me ve y piensa eso, pero qué sabe usted, contador Fernández. En realidad yo soy Tarlek el Imbatible, Campeón del pueblo Andario, Señor de las Montañas Heladas de las Arenas Rónicas, Héroe de la Batalla de Andaribán, Monarca de los Veinte Reinos y Mas Allá, Portador del Fuego del planeta Jugret. Así como me ve, le puede parecer un delirio, pero le aseguro que no. Pensar en que soy Tarlek me da fuerzas para aguantar que usted, contador Fernández, venga en este momento y me pida alegremente que rehaga por décima vez  el excel porque se le acaba de ocurrir que las columnas quedarían mejor ordenadas de otra manera.

Si usted me ve los domingos a la tarde, puede llegar a pensar que me junto a jugar a las cartas con un grupo de boludos a los que no les interesa el fútbol, pero la suya sería una conclusión equivocada, fíjese. Los domingos son el mejor día de la semana, ya me levanto sintiéndome Tarlek. De lunes a sábado es mas difícil, hay demasiada gente como usted, que me llama Mariana, que me mira y ve a una mina gordita y feucha (sé que eso es lo que se ve, no soy una negada de la imagen que me devuelve el espejo, no se crea). Pero los domingos, contador Fernández, los que me ven los domingos saben que yo soy el vencedor de las Arenas de Andaria, el capo absoluto de los Titanes Guerreros. El que empezó de abajo, se crio en las tierras áridas de Suksukum, ganó los puntos de Destreza, Coraje y Manejo de Armas de Poder que llevaron su nombre a todos los rincones de Jugret. El que se enfrentó a Surko el Arrogante y opuso a sus hábiles dones la Estrategia y la Fuerza, y lo convirtió en Surko el Derrotado.

Partida tras partida me hice lugar entre otros, más bravos, más valientes, con más Poder de Vida que yo, y finalmente gané los honores en la batalla de Roskasum, cuando con mi Fuerza de Puños destrocé incontables cráneos enemigos  (y algunos propios, en medio de una batalla uno no distingue bien quienes están de su lado y quienes no). Soy Tarlek el Imbatible: el que tomó en sus manos la cabeza del general Bhjrakai, el temido conquistador yurinio, lo levantó por el aire, y lo estrelló contra las piedras del monte Andaribán, el monte  sagrado de mi pueblo. El que regresó victorioso, con la cabeza de los vencidos ensartada en mi Lanza Sangrante, el que fue aclamado, abrazado por el rey Silek, el Siempre Fuerte. El que se ganó su confianza y su amor, y tejió las alianzas y las intrigas para derrocarlo. Soy Tarlek el imbatible, señor de los andarios por mérito y astucia, por justicia de los dioses y por temor de mi gente. Un rey no debe tener un corazón blando, contador Fernández. No debe dejar de lado su olfato y su intuición, y Silek debió haberme visto venir. Si me pregunta a mí, yo en lugar de él me hubiera decapitado. No me hubiera invitado a formar parte de su Consejo de Guerra. Silek  actuó como un bufón idiota, no como un rey. No como el rey que los andarios se merecen. Un verdadero rey no me hubiera recibido en su palacio, no debería haber dejado abierta la puerta de su habitación y de la mía. La traición no es traición si se dejan las puertas abiertas para cometerla. Un rey no puede confiar en nadie. Yo, su elegido, yo, el que había defendido reino y trono, lo ataqué mientras se retiraba a sus aposentos, lo ahorqué con mis dos manos, lo sentí dejar de respirar. Lo soñé dejar de respirar, la noche anterior a la partida en la que ejecuté mi plan.

Y usted, que me ve desde hace años, qué sabe en realidad de mí, qué le importa que yo tenga que pensar en Tarlek cuando usted me repite el mismo chiste, el mismo, contador Fernández, día por medio, desde hace cinco años. Usted qué sabe de Andaria y de sus bosques estremecidos por la bruma, de sus ríos color plata y turquesa, de la belleza de sus soles rojos, de su luna celeste y sus Montes Silenciosos. Qué sabe usted. Nada.

Ese es mi argumento para explicarle que no, que como son las siete y cinco de la tarde, me voy a ir a mi casa y no voy a acomodar las columnas del excel por décima vez, porque el excel se entiende perfectamente así como está. ¿Sabe qué pasa, contador Fernández?, hay veces en que hasta Tarlek el Imbatible tiene sus límites a la hora de ayudarme a lidiar con la realidad.

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