La transformación: una pequeña historia de amor

Texto: Daniela Chueke
Ilustración: María Sanzol

la transformacionTengo el mejor marido del mundo pero pienso abandonarlo. Me enamoré de alguien más. Creo que pronto me iré con Ellael y dejaré atrás esta vida. No es una mala vida la mía. No estoy harta, ni nada de eso. Podría jurar que soy feliz.

Pero esta persona me conquistó y eso es irreversible. Algo tiene que pasar. A decir verdad, ya pasó. Para quitar misterio, les diré que al final no me escapé. No dejé a mi marido ni a mis hijos, sigo adelante con mi vida normal. Pero no porque no me haya atrevido.

Fue un problema de tiempo. Aunque tal vez la culpa no fuera del tiempo. Más biendel cuerpo. El cuerpo no acompañó nuestras intenciones. Al menos las mías. Nunca fui muy de poner el cuerpo a las situaciones desconocidas. Mi cuerpo suele llegar tarde, mi mente, por llamarlo de algún modo aunque quizá la palabra apropiada sea mi imaginación, va a mil por hora, mientras mi cuerpo está quieto. O en otro lugar.

De esto se trata lo que pasó y lo que no pasó con Ellael. Una historia de amor más allá de los límites del tiempo, de los cuerpos.

Todo empezó la primera y única vez que nos encontramos frente a frente. Esto fue en el lugar menos esperado: una fiesta de bodas. No es el ambiente donde rodeada de hijos, marido, suegros y tíos viejos podía esperar encontrar alguien especial. La alegría y la efusividad de las fiestas judías suele anestesiar mi sensibilidad. Pero sucedió. Porque Ellael estaba ahí. Y su sola presencia bastó para que me invadiera el entusiasmo. Una sensación nueva, parecida a la emoción que sentía a los quince cuando me encontraba con un chico que me gustaba mucho. La misma intensidad y la misma ansiedad. El futuro.

Hace tiempo que no tengo quince. Ahora soy una señora. Hay apariencias que mantener, códigos que respetar, situaciones que exigen determinados comportamientos. Y ya se me pasó la edad de desafiar las convenciones. Mi fidelidad a los códigos sociales la sostengo más por economía de esfuerzos que por auténtica convicción. Suelo buscar cierto equilibrio, al menos en lo que respecta a la vestimenta. La armonía y la sencillez ante todo. Por eso el día en que nos conocimos llevaba un clásico vestido negro, como recomiendan las revistas de moda, el típico comodín para toda ocasión. Me había maquillado con mucho esmero para lograr un aspecto juvenil, natural y al mismo tiempo sofisticado, casi había conseguido que no se noten mis arrugas y que en cambio se destaquen mis ojos almendrados, las cejas diseñadas con prolijidad y las pestañas alargadas con una máscara de última generación.

Durante la recepción noté que Ellael me miraba de reojo. Yo le devolví en varias oportunidades el gesto tímido mientras conversaba con parientes e invitados sobre lo hermosa que había sido la ceremonia, lo grandes que estaban mis hijos. Qué bien se están portando, y qué linda la nena con su vestidito de tules, una princesa. Y el mayor todo unmuchacho, qué facha, y cómo lo cuida al hermanito. Qué decir de los novios. Hacen una linda pareja. Y lo bien que habló el rabino. ¿Ya probaste los calentitos? ¡Qué exquisitez! ¿Vino? Sí, gracias. Ahí se acerca Marido, brazo, piquito, sonrisa para la ocasión.

Mientras tanto Ellael y yo jugábamos a las escondidas, aparecíamos y desaparecíamos ante la vista del otro, detrás de los mozos que zigzagueaban entre los invitados. Me convencí de que debía dar el primer paso. Era evidente que esperaba que fuese yo quien se acercase a hablar primero. Lo hice en cuanto pude, sin contemplar protocolos, ni modales.

Para quitar misterio, Ellael era veintitantos años más joven que yo. Era transgénero. Y yo no tenía muy claro por qué me sentía tan atraída. No era algo físico. No era un impulso. Tenía que hablar con ella, era una certeza.

Irrumpí en medio de su conversación grupal, segura de que no sería rechazada. Cuando se dio vuelta para retribuirme se hizo silencio por unos segundos. Me estremecieron sus ojos profundos. Un lazo tibio nos envolvió y nos fuimos del tiempo. Cuando recuperé la noción del aquí y ahora, empecé a hablar sin parar, creo que dije muchas estupideces, nada de lo que realmente importaba. Me intimidé. Sabía que le habían anticipado mi interés por conversar, pero desconocía con qué títulos me habían presentado, lo que me exponía mis inseguridades. La esposa de, la periodista que escribe en, la prima de, la curiosa, la admiradora anónima. Después de todo, Ellael era artista, no alguien del montón, su entorno estaría siempre repleto de gente y admiradores. ¿Quién venía a ser yo, a fin de cuentas?

Supongo que por eso, preocupada por cómo le caería mi atrevimiento, es que no percibí su temblor ni el brillo opaco de sus ojos cuando giró hacia mí ofreciéndome su torso amplio, con la disposición entera a empezar nuestro diálogo. No había indicios, o si los había no los noté, cegada como estaba por la excitación. No vi el dolor que llevaba acumulado en algún lugar de su cuerpo.

Aunque tenía miles de seguidores, ahora me doy cuenta de que la gran parte del mundo ignoraba o despreciaba su arte. Al momento de nuestro encuentro Ellael era, para la mayoría de la gente común, apenas un bicho raro. No para mí. No en esa chispa de segundo en que fuimos un único ser. Por un instante interminable fue una parte mía. Yo no fui yo. Fui Ellael. Nos entendimos. Al menos eso interpreté entonces. No era momento de analizar, tan sólo ser.

Después pasó lo que suele pasar en las fiestas de boda judías. Entraron los novios, arrancó la ronda, el baile, el klezmer. Hubo que conseguir una silla para entre todos alzar a la novia, y que lo dejan en calzoncillos al novio, después el primer plato, y el segundo y la mesa dulce. Las tandas y el pogofamiliero, el baile romántico con Marido que te pregunta si te volverías a casar conmigo y que claro, con todas las que pasamos juntos, y el carnaval carioca, los hijos que te tironean y quieren que los lleves al baño justo cuando viene elmomento de cortar la torta, y otro que quiere el plato de helado pero sin la fruta o el cotillón que no le tocó y se empecina en obligarte a conseguir el mismo que su hermana porque a mí me gusta ese.

No bailé con Ellael pero me hubiese gustado. Al menos tomar su mano en el havanaguila. Ví que tampoco bailó el vals de los novios, no con el novio, tampoco con su propio padre.

Su timidez me seducía y me perturbaba. Me intrigaba su actitud austera. No imaginaba que alguien así, con esa presencia, su altura, un cuerpo esbelto que se entreveía hermoso con un atuendo sencillo, no buscase llamar la atención.

Pero así actuó durante toda la fiesta. Cuando al final, con las luces encendidas pude volverme a acercar, hablamos un poco más  relajadas y no sé por qué, ya que no hubo promesa alguna, tuve la certeza de que ya nada en nuestras vidas iba a ser igual.

Imaginé que pronto tendríamos largas charlas a corazón abierto. Mientras Ellael hablara yo le acariciaría el pelo suave, y ondulado. Le acomodaría un mechón detrás de la oreja y prolongaría el gesto rozando con la yema de mis dedos el contorno de su mandíbula. Sus rasgos eran pronunciados, contundentes. Pero su rostro, el conjunto, era armónico, simétrico, delicado. Hermoso. Acaso el rostro más bello que jamás había visto. Deseé acariciar mil veces ese rostro, delinearlo, dibujarlo, comunicarle que era perfecto. Porque intuí que no lo sabía.

Mi amor no le alcanzó porque nunca se lo entregué. Si es que se puede entregar el amor, como si fuera un paquete. Sólo pude decir lo que me pareció políticamente correcto para la situación: me gusta lo que hacés, avisáme cuando hagas tu próxima presentación. Buscáme en facebook, me dijo, pero me buscó primero, la tarde siguiente del el encuentro. Acepté su invitación a conectarnos en cuanto la vi, a la noche, y me puse a espiar su muro. Pero no le escribí un mensaje privado, no le regalé un comentario, un share, ni siquiera un económico me gusta. No le conté que para darle mi amor estaba dispuesta a ser su amiga, su madre, su amante, su seguidora, su suegra, su hermana, su mecenas, su relacionista pública. No le dije que imaginaba un futuro caminando a la par. No se lo dije y debería haberlo hecho. Nuestra unión se engendró y murió en mi corazón. No me invitó a su última performance. Al menos facebook no me avisó.

 

Dedicado a Effy Beth, que  llegó a este mundo como él pero se fue como ella. Elizabeth Mía Chorubzyk . Effymia. Ellael, mejor dicho, Effy  era trans. Transgénero, transexual, transgresora, transformadora. Puso fin a su vida terrenal el 25 de marzo de 2014, a los 25 años. Dejó arte, inspiración, amor en el mundo. http://www.effymia.com/, http://effymine.blogspot.com.ar/

Anuncios

2 comentarios

  1. Que puedo opinar que suene tan siquiera un poco inteligente, tu relato me a gustado y dos frases me calaron hondo; la primera ” Mi fidelidad a los códigos sociales la sostengo más por economía de esfuerzos que por auténtica convicción.” esta pone al descubierto la mayor de mis cobardías el miedo a cambiar por el que dirán; y la segunda ” No le dije que imaginaba un futuro caminando a la par. No se lo dije y debería haberlo hecho. Nuestra unión se engendró y murió en mi corazón. ” cuantas veces no decimos lo que realmente sentimos yo así e perdido gente muy importante en mi vida por no decir te amo a tiempo. Effi ya no esta mas con nosotros, te envidió por que tuviste la suerte de haberla conocido; aunque fuera tan solo unos instantes. Yo la voy descubriendo poco a poco en su arte, en su escritura en los registros que la familia a tenido a bien no borrar…

  2. Dos años después, veo tu comentario, muchas gracias (de nuevo escribiendo sobre Effy)
    Ya salió el libro con su obra, se llama Que el mundo tiemble y es gratuito de descarga online

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: